viernes, 18 de septiembre de 2015

Biografía del Excelentísimo Monseñor Luis Alfonso Márquez Molina cjm.

BIOGRAFÍA DEL 
EXCELENTÍSIMO MONSEÑOR
LUIS ALFONSO MÁRQUEZ MOLINA CJM.
Mons. Márquez y el Papa Francisco
Excelentísimo Monseñor Luis Alfonso Márquez Molina cjm.

El día 17 de diciembre de 1936, mientras en la ciudad de Buenos Aires, Argentina llegaba al mundo el actual Pontífice de la Iglesia Católica, en Tovar, pueblo del Valle del Mocotíes del estado Mérida nacía, en el seno de una humilde familia cristiana, Luis Alfonso Márquez Molina, quien se convertiría en el décimo de los doce sacerdotes merideños en llegar al episcopado, plenitud del sacerdocio, en su condición de Obispo titular de Torre Rotonda y Auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida.

Esos doce Obispos merideños han sido Buenaventura Arias, Ignacio Fernández Peña, Tomás Zerpa, José Humberto Quintero Parra, José Humberto Paparoni Bottaro, Marcial Augusto Ramírez Ponce, Roberto Dávila Uzcátegui, Sotero Valero Ruz, Jesús Alfonso Guerrero Contreras ofmcap, Luis Alfonso Márquez Molina cjm, José Trinidad Fernández Angulo y Juan de Dios Peña Rojas.

Si Tovar fue la tierra que vio nacer a Luis Alfonso, La Playa, un hermoso pueblo localizado entre la Sultana del Mocotíes y Bailadores, fue quien lo vio crecer y en él aprendió sus primeras lecciones educativas, en su antigua Escuela Federal Graduada Estado Falcón.

Pintura de San Vicente Ferrer, Patrono de La Playa
Don José Márquez, sin haber ido anteriormente a la escuela, enseñó a su hijo Luis Alfonso a leer, con el propósito de que interpretara el periódico “El Universal”, que todos los días llegaba a La Playa con varios días de retraso y que traía las noticias de la segunda guerra mundial.

         La piadosa madre de Luis Alfonso, Doña Angelina Molina, mujer de visitas diarias al Santísimo Sacramento, fue quien inculcó en él los valores cristianos, a su madre el niño Luis Alfonso siempre le escuchó decir “donde se reza el Rosario, nunca falta lo necesario”, ya que en esta familia todos los días con mucho fervor se hacía el rezo del Santo Rosario, así como también acudían dominicalmente a las Eucaristías en el singular templo playense.

         Doña Flor de Maldonado, distinguida educadora de La Playa, fue su catequista, y en la Iglesia de este pueblo, dedicada a San Vicente Ferrer, Luis Alfonso recibe a Jesús Sacramentado de manos del Reverendo Padre Clemente Aparicio, redentorista, el 8 de julio de 1945.

         En La Playa, entre los grandes terrenos sembrados de caña de azúcar, Luis Alfonso aprendió a valorar la creación de Dios, en su modesto Templo aprendió a hablar con Dios y en su antigua escuela aprendió a reconocer que en la educación se fundamenta toda la vida y el buen desenvolvimiento del ser humano.

         Su vocación desde la niñez se vio orientada hacia el sacerdocio y la educación, por ello, en la Congregación de Jesús y María de los Padres Eudistas encontró un lugar apropiado para discernir las dudas que pudo haber tenido, para después, con firmeza entregar su vida por completo a Dios.
         Parte de la primaria y del bachillerato lo estudió en el Colegio Seminario Kermaría con los Eudistas en la población de La Grita, estado Táchira, allí pudo acrecentar su formación académica y espiritual. 

 

Desde siempre, Luis Alfonso, comprendió que el sacerdocio no era una profesión para subir en la escala social, ni para hacer dinero, ni para adquirir conocimientos, sino para el servicio del pueblo de Dios, así él lo manifestó en palabras pronunciadas el 12 de enero de 2002 en su consagración episcopal citando la Carta a los Hebreos: “Un hombre tomado de entre los hombres para el servicio de la humanidad en las cosas de Dios”, y a su vez recordó que esta misma cita la plasmó en su tarjeta de invitación a la Ordenación Sacerdotal, acontecida el 29 de junio de 1962 en La Grita, en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo.
Celebración de San Vicente Ferrer,
               presidida por Mons. Luis A. Márquez

En 1950, Luis Alfonso va al Seminario de San Cristóbal, y por gracia de Dios, allí compartió como Rector al ilustre padre Miguel Antonio Salas cjm. , hoy en día en proceso de beatificación, primer eudista venezolano, quien años después se convertiría en Arzobispo Metropolitano de Mérida, en este sacerdote descubrió un modelo de vida, un hombre santo y por tanto digno de ser imitado; Luis Alfonso, por el testimonio de vida del padre Miguel Antonio Salas, se vio motivado a consagrar su vida a Dios.

En 1953 va al Noviciado de los padres Eudistas, en Santa Fe de Bogotá, Colombia, allí se encontraba el Seminario Valmaría (que en francés significa “Valle de María”) donde culmina sus estudios de filosofía y teología. Luis Alfonso recibió una formación sacerdotal preconciliar, ya que en sus años de estudiante aún no se había dado el gran “agiornamento” de nuestra amada Iglesia Católica. Fue después de ordenado, cuando comienza a tomar las pautas del Concilio Ecuménico Vaticano II al cual siempre ha considerado como uno de los  documentos eclesiales más valiosos, y también menos aplicado en la actualidad.

 Su vocación educativa y sacerdotal es muy extensa, tiene varios títulos, maestrías y cursos, pero Monseñor Márquez siempre los ha calificado como los instrumentos para ser cada día mejor sacerdote y poder brindar un mejor servicio al clero que durante más de 40 años formó y al pueblo cristiano en general.

  Monseñor Márquez ha manifestado que, las visitas pastorales son el alma del gobierno de un Obispo, en sus más de 60 visitas realizadas por toda la Arquidiócesis de Mérida pudo encontrarse con la feligresía noble de esta Iglesia particular. Relata Monseñor Márquez, con sentido del humor, que al finalizar sus trabajos como Obispo Auxiliar, entregó las actas de todas sus actividades pastorales, incluida una en la que solo había tres líneas, debido a que “comenzó la visita, se enfermó y regresó a Mérida”.

Las homilías de Monseñor Márquez son muy particulares, ya que posee un admirable sentido del humor, en la mayoría de veces le hemos escuchado la explicación de los signos que utilizan los Obispos, mitra, anillo y báculo, y entre cuentos y chistes hace sentir la alegría del Evangelio.


En la actualidad, ya como Obispo emérito, colabora estrechamente con la Diócesis de San Cristóbal, manifiesta que es un “Obispo jubilado, pero no desocupado”. En oportunidades tiene la amabilidad de visitar el Seminario Arquidiocesano San Buenaventura, y es en esos momentos en los que los seminaristas nos empapamos de su sabiduría y humor de padre y pastor.

El pasado 17 de diciembre de 2013, Monseñor Márquez concelebró una Eucaristía con el Santo Padre Francisco con motivo de sus cumpleaños.

Monseñor Luis Alfonso Márquez Molina es un Obispo merideño, humilde y con olor a oveja.


P.A
García

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